Los hábitos de la mente

Se ha dicho que lo más parecido a la mente humana es un ordenador y esto es cierto en algún sentido, pero también se parece mucho a un huerto o un jardín en el que con toda seguridad recogemos lo que sembramos. Si plantamos dos semillas, una de maíz y otra de una planta venenosa, las regamos y cuidamos por igual, germinarán y producirán mazorcas de maíz y veneno.

En el jardín de la mente las semillas son los pensamientos y por tanto creamos aquello en lo que pensamos. A su vez los pensamientos se basan en nuestras creencias, por tanto sería correcto decir que lo que creemos determina lo que pensamos y de los pensamientos se alimentan nuestros actos e iniciativas o por el contrario la inactividad.

En ese jardín mental constantemente salen malas hierbas o hábitos negativos que vamos arrancando pero invariablemente vuelven a salir más tarde. Por todo ello es necesario conocer los factores que intervienen en nuestra mente que son seis: Razón, percepción, voluntad, imaginación, intuición y memoria.

Algunos de estos factores fueron analizados por Napoleón Hill, que sugiere la siguiente actitud hacia cada uno de ellos:

  • VOLUNTAD:
Deberíamos reconocer que la fuerza de voluntad es el tribunal supremo que rige sobre todos los demás departamentos de nuestra mente y nos conviene usarla diariamente cuando necesitemos el impulso para cualquier iniciativa y formar hábitos diseñados para hacer que la voluntad esté activa al menos una vez al día.
  • EMOCIONES:
Al observar que nuestras emociones son positivas y negativas, formar hábitos diarios que estimulen el desarrollo de nuestras emociones positivas, y nos ayuden a convertir las emociones negativas en alguna forma de acción eficaz.
  • RAZÓN:
Al reconocer que tanto mis emociones positivas como negativas pueden resultar peligrosas si no están controladas y orientadas hacia fines deseables, someter todos nuestros deseos, objetivos y propósitos a nuestra facultad de razonar.
  • IMAGINACIÓN:
Al reconocer la necesidad de tener planes claros e ideas para alcanzar nuestros deseos, desarrollar la imaginación y la intuición invocándolas todos los días para conseguir su ayuda en la formación de nuestros planes.
  • CONCIENCIA:
 Al reconocer que nuestras emociones a menudo se equivocan por excesivo entusiasmo, y que nuestra facultad racional con frecuencia carece del calor del sentimiento que es necesario para combinar la justicia con la misericordia en nuestros juicios, estimular la conciencia para que nos guíe a conocer lo que está bien y lo que está mal, pero nunca dejar de lado los veredictos que aparezcan, sea cual fuere el coste de llevarlos a cabo.
  • MEMORIA:
 Al reconocer el valor de la memoria en estado de alerta, estimular la nuestra para que esté despierta cuidándonos en formarla con todos los pensamientos que deseo recordar y relacionando esos pensamientos con objetos que pueda evocar.
  • SUBCONSCIENTE:
 Reconozcer la influencia del subconsciente sobre la fuerza de voluntad, y en consecuencia asegurarse de enviarle una imagen clara y bien definida de nuestro propósito principal en la vida y de todos los otros objetivos menores que nos conducen al propósito más importante, y mantener esta imagen de manera constante ante nuestro subconsciente repitiéndola cada día.

La disciplina de la mente se gana poco a poco, por la formación de hábitos que uno puede controlar. Los hábitos empiezan en la mente, por tanto, la repetición diaria de estas afirmaciones formará un hábito con relación a la clase de hábitos necesarios para desarrollar y controlar los seis departamentos de la mente.

El simple hecho de repetir los nombres de estos departamentos tiene un efecto importante. Nos hace conscientes de que estos departamentos existen; de que son importantes; de que se pueden controlar por la formación de hábitos; de que la naturaleza de estos hábitos determina nuestro éxito o fracaso en el tema de la auto disciplina.

  1. Un comentario a “Los hábitos de la mente”

  2. Buen artículo.

    Siempre me ha maravillado la idea de la «latencia potencial». No es un término rebuscado ni sacado de algún libro o tratado metafísico, es el término personal que utilizo para describir aquella capacidad latente que habita en cada una de nuestras mentes como una fuerza viva y efectiva raras veces utilizada en forma consciente.

    La densidad mental del hombre moderno surge como fruto de la percepción material excluyente. No hay cabida para ninguna otra cosa más que para la satisfacción del ego y el deleite sensual.

    Sin resonancia no hay comprensión. Es esta la razón de que muchas veces nuestras motivaciones de logro no alcancen la capa interna del subconsciente. Nos emocionamos profundamente para luego caer en el vórtice oscuro de la depresión al contemplar los objetos más preciados de nuestro deseo siendo poseídos por alguien más; ¿alguien con más fortuna, suerte o mejores genes que nosotros?…No, simplemente alguien con una mejor actitud mental hacia la vida y las cosas.

    «Dar las cosas por sentadas» es uno de los peores errores en que incurre la mente habituada al dominio de las circunstancias sobre la propia voluntad de cambio.

    Desconocer la paradoja aparente en nuestros procesos mentales, aquellos que de igual forma y con un leve cambio de signo puede transformar el fracaso en ÉXITO es una de las causas más frecuentes de conformismo frente a los llamados «imponderables de la vida».

    Sólo hace falta un poco de fe, un poco de práctica y un poco de perseverancia en la maravilla de la mente para ser recompensados con sus frutos, aquellos que nos darán una nueva vida colmada de dominio propio y creadora de nuestro propio destino.

    Por Arjuna el 18 de agosto de 2008

Escribe un comentario